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Seguridad Vial en América Latina

La seguridad vial en América Latina y el Caribe: presente y desafíos

Según cifras expuestas por el Banco Mundial, en América Latina se producen más de 130.000 muertes y 6 millones de heridos al año en acciones de tránsito. Aunque se estima que, para 2020, la región podría alcanzar un indicador de hasta 300 muertes por cada millón de habitantes.

Así lo expresó Filomeno Mira, vicepresidente de FUNDACIÓN MAPFRE, durante el “Tercer encuentro Iberoamericano y del Caribe sobre Seguridad Vial” (EISEVI), celebrado el pasado 8 y 9 de mayo, en Buenos Aires. Un evento que tuvo como objetivo principal contribuir a la formación de consensos sobre principios, criterios y buenas prácticas de la seguridad vial en los países de la región.

En términos generales, el estado de una parte de la red vial, el consumo de alcohol al momento de conducir y la no utilización del cinturón de seguridad, sistemas de retención infantil y cascos en el manejo de motos, se presentan como las principales causas y problemáticas a tratar para reducir las alarmantes cifras que existen en Latinoamérica. Para ello, se torna necesario “acelerar las inversiones en seguridad vial y formular estrategias y programas sostenibles que definan y mejoren la relación entre las vías del tránsito y las personas”, ya que “el 39% de los fallecidos en la región son peatones, ciclistas y motociclistas”. Una acción que, en términos del especialista citado, requiere “la necesaria colaboración estrecha entre los poderes públicos y la iniciativa privada o sociedad civil”.

Las motos y su impacto en la siniestralidad de la región

Con el foco en los motociclistas - uno de los colectivos más vulnerables en materia de accidentes de tránsito - Julio Laria del Vas, director general del Instituto de Seguridad Vial de FUNDACIÓN MAPFRE, advierte sobre su alarmante problemática. “Al año fallecen aproximadamente 21.500 personas que conducen motocicletas. Una tasa de mortalidad que puede ser hasta 30 veces mayor en comparación con los automovilistas envueltos en accidentes”.

Actualmente, en Latinoamérica y el Caribe existen un total de 37 millones de motocicletas. El amplio ascenso que tuvo el parque de motos en el último tiempo proviene, en parte, de su menor costo de adquisición, uso y mantenimiento, sin obviar la facilidad para el traslado del vehículo ante condiciones de tránsito intenso en las principales urbes. De hecho, son muchos los países que hoy promueven activamente su uso.

En tal sentido, “en Latinoamérica y el Caribe, se matricularon alrededor de 4,4 millones de motocicletas. En Argentina, por ejemplo, la matriculación de vehículos de dos ruedas se ha multiplicado por 22 en los últimos diez años”, detalla el referente de FUNDACIÖN MAPFRE.

Un claro crecimiento exponencial que, sin dudas, trajo consigo un aumento notable de la siniestralidad en la región, tal como las estadísticas lo atestiguan: “Los usuarios de motos involucrados en accidentes de tránsito suponen aproximadamente el 22% del total de fallecidos. Sin embargo, hace cinco años dicho porcentaje era de aproximadamente el 13%”.

A ello debe sumarse, entre otras variables, una utilización parcial - pese a las legislaciones vigentes - del casco: un elemento esencial de protección (la tasa media de uso en la región es del 69 %). En efecto, el nivel de mortalidad sin casco es 3 veces mayor que en los casos donde se utiliza, y su uso disminuye las posibilidades de fallecimiento hasta un 45%.

Ante este marco, para Julio Laria, “la creación de un comité de expertos sobre seguridad de los motociclistas en la región; el diseño, implementación y promoción de un plan integral regional de seguridad de los motociclistas; el desarrollo de campañas de seguridad; una armonización de la legislación en los países de la región (en cuanto al uso del casco y homologación, currículo formativo y acceso progresivo al permiso, luces de conducción, sistema de encendido automático y revisiones técnicas periódicas) y la preparación de una guía de infraestructuras seguras para motociclistas”, son algunas de las acciones posibles para trabajar arduamente con el fin de mejorar esta grave situación que, paradójicamente, adiciona a diario la pérdida de vidas humanas.

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